Por Eduardo Párraga
Netflix ofrece la primera adaptación en pantalla de la famosa novela gráfica de ciencia ficción “El Eternauta”, creada por Héctor Germán Oesterheld junto al dibujante Francisco Solano López, cuya primera publicación se remonta a 1957. Además, la obra ha tenido reediciones y continuaciones durante las décadas de los 60 y 70.
Tras varios intentos infructuosos durante años de trasladar el relato a cine o animación, ha sido el streaming quien ha logrado la victoria y Netflix consigue una enorme y cuidada producción argentina con un excelente Ricardo Darín como protagonista. Dirigida y escrita por Bruno Stagnaro, la serie se ha visto obligada a remodelar ciertos aspectos de su argumento y estilo narrativo con el fin de adaptarse a la actualidad, por lo que hay muchas diferencias respecto al material original que, no olvidemos, data de los 50. No obstante, se ha procurado mostrar un respeto enorme a la novela gráfica. Para ello, incluso se ha contado con Martín Oesterheld, nieto del creador, como consultor creativo, con el fin de que supervise el proceso y ratifique que se mantienen elementos clave como el argumento, el mensaje político, la dimensión humana y filosófica o la idea de resistencia.
Ariel Staltari también se involucra en el guión y, de paso, se reserva un papel de reparto como actor.
“El Eternauta” (2025-) comienza con los sucesos atípicos que empieza a provocar en la población de Buenos Aires una misteriosa e inesperada nevada, un hecho que hace sospechar que algo más amenazante, detrás de lo ocurrido, está a punto de alterar la vida en la Tierra.
En una apuesta por generar verosimilitud, así como por evitar los héroes valerosos arquetípicos de este tipo de tramas, “El Eternauta” traza su propio camino recorrido por personajes mundanos normales y corrientes, donde en cada tramo se potencia la inquietud, el misterio y la sensación de aislamiento. Es cierto que también cae en lugares comunes inevitables en este tipo de historias de supervivencia frente a amenazas (la trillada pauta, “los humanos terminan siendo más malvados entre ellos mismos que el propio enemigo”, por ejemplo), sin embargo, la historia trata de llevar su propia brújula, rumbo hacia algo más íntimo, realista, desasosegante y quizá filosófico.
“El Eternauta” crea expectación, tensión bien dosificada y se siente muy real. lo que provoca un aura de auténtico terror ante lo desconocido durante toda la temporada.
La serie defiende la máxima de que da más miedo lo que no se ve, y aunque cuenta con escenas donde abunda la espectacularidad, la historia se desarrolla de manera lenta, lo que gustará a unos y desquiciará a otros. En ningún momento se sabe con exactitud qué está sucediendo, tan solo el cuarto episodio, quizá el capítulo más explícito de la serie, destapa parte del misterio. A partir de ahí, la acción se dispara más, aunque se nota que hay una predisposición al retrato de atmósferas siniestras y a que las revelaciones se insinúen más que se muestren, al menos en esta primera entrega.
En la serie encontramos más detalles destacables como la elogiable apuesta por escoger actores de edad madura, casi en su totalidad, o contar con una narración muy silenciosa, en el sentido de que cuenta con poca música instrumental, lo que genera más nerviosismo y realidad en las escenas. Además, los efectos visuales están muy bien conseguidos con ese Buenos Aires fantasmal y asolado visto a través de los ojos de Juan Salvo (Ricardo Darín).
La serie también cuenta con guiños a películas como “Dawn of the Dead (1978) y su remake de 2004 o “Invasion of the body snatchers (1956) y sus posteriores versiones.
Los seis episodios de “El Eternauta” ya están disponibles en Netflix. Un interesante entretenimiento que apunta a un desarrollo más profundo del misterio en su venidera segunda temporada, sobre todo en lo que respecta al enigmático personaje de Salvo.








