Estados Unidos bombardeó en la madrugada del domingo las tres principales instalaciones nucleares de Irán: Fordo, Isfahan y Natanz.
El presidente estadounidense, Donald Trump, dijo que el ataque no es una declaración de guerra a Irán y que el objetivo “ni es ni ha sido un cambio de régimen”.
Trump anunció el ataque a través de Truth y después pronunció un discurso a la nación en el que habló de un “éxito militar espectacular”, advirtiendo a Irán que habrá más ataques “si la paz no llega pronto”.
Estados Unidos utilizó varias tácticas de despiste: los siete B2 que efectuaron los bombardeos salieron por la costa Este de Estados Unidos y cruzaron Europa desde el sur de la península ibérica, repostando varias veces en vuelo. Al mismo tiempo, otro escuadrón se movía en dirección opuesta en el Pacífico para generar confusión.

El ejército estadounidense utilizó 125 aviones, incluidos bombarderos, aviones de combate, aviones de reabastecimiento y de vigilancia, y lanzó 75 proyectiles de precisión, entre ellos, 14 superbombas, cada una de casi 15.000 kilos de peso, y las GBU-57, las únicas capaces de destruir las instalaciones nucleares de Fordow y Natanz, construidas bajo tierra.
Teherán lanzó ayer una treintena de misiles contra Jerusalén y otros puntos de Israel y el ministro iraní de Exterioresavisó que responderán al ataque y que se reservan “todas las opciones para defender su soberanía, intereses y pueblo”.
Entre las represalias barajadas por el ataque: desde retirarse del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP), hasta atacar bases estadounidenses en la región o cerrar el estrecho de Ormuz, por donde transita una quinta parte del comercio mundial de crudo y casi un tercio del gas, aunque en su mayoría con destino a China y otros países asiáticos.






