Home Entretenimiento “House of Guinness” (o las sorpresas de la honestidad)

“House of Guinness” (o las sorpresas de la honestidad)

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Por Eduardo Párraga

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Steven Knight atraviesa una exitosa etapa gracias, sobre todo, a su aclamada serie “Peaky Blinders” (2013-2022), que pronto tendrá continuación no solo en forma de película, sino también con dos series (o quizá temporadas) adicionales que seguirán la línea argumental que deje el film.

A nivel creativo, está claro que Knight se desenvuelve a la perfección en el desarrollo de historias de época y aún más si transcurren en medio de luchas de poder y situaciones oscuras donde personajes marginados de toda índole luchan por sus respectivos intereses en las calles de una lóbrega Inglaterra.

En “House of Guinness” (2025-), su nueva serie disponible en Netflix, el creador amplía el perímetro y decide llevarnos hasta el Dublín del siglo XIX para narrarnos el sombrío entramado que debe construir la familia Guinness con tal de mantener el triunfo de su famosa cervecería.

Teniendo en cuenta lo bien que se le dan a Knight las ambientaciones históricas en los contextos mencionados, muy mal tendría que hacer las cosas para no obtener una nueva victoria.

En efecto, nos encontramos ante una estupenda historia muy cuidada a nivel técnico, visual e interpretativo. Una elegante fusión de revolución, amor, violencia y traición. La fotografía a cargo de Nicolai Brüel y Joe Saade nos adentra en una Irlanda neblinosa donde el halo de luz de las farolas destaca en sombrías calles que ocultan insurrección y soledad, mientras que las lámparas de la mansión Guinnes resaltan con cálido fulgor las intrigas de sus fastuosos bailes y negocios.

Eduardo Párraga
Eduardo Párraga

La dirección es buena, ágil. Las escenas de masas están muy bien coreografiadas (esos tumultos en la ciudad, la celebración de la boda, etc.). Figuración y decorado se sienten muy naturales. Asimismo, gracias a un guión muy heterogéneo, la ambientación histórica está bien trazada y el espectador se traslada, con comodidad, a ese período turbulento que nace en 1850, donde el nacionalismo irlandés,  en clara oposición al dominio británico, iba en aumento. Los capítulos no aburren, son entretenidos, gracias a la mezcla de géneros y los personajes están muy bien descritos, si bien, de momento, se echa en falta conocer algo más sobre Sean Rafferty (James Norton) o Anne Lee Guinness (Emily Fairn). El paciente mayordomo Potter (Michael McElhatton) pone el toque cómico con su omnipresente ayuda en todos los sucesos de la familia Guinness.

La serie aporta también un matiz anacrónico (sin abusar de él, por suerte) en forma de puntuales canciones irlandesas contemporáneas que combinan bien con la acción y se entremezclan con la partitura de Ilan Eshkeri.

Y es que “House of Guinness” nunca abandona su tono clásico y coherente con la época en la que se desarrolla.

Como puntos débiles de la serie encontramos esos subtítulos gigantes aclaratorios, insertados de vez en cuando en alguna escena, así como los saltos temporales a los que nos conduce la narración que quizá sean demasiados, pues rompen alguna continuidad interesante e impiden ahondar en ciertos aspectos de los personajes. En cualquier caso, hablamos de faltas leves que nunca ensombrecen el conjunto.

En cuanto a la interpretación, los actores están impecables, como suele ser habitual en la escuela británica o irlandesa. Anthony Boyle, Louis Partridge, James Norton, Emily Fairn, Danielle Galligan, Niamh McCormack, Dervla Kirwan…, por citar unos cuantos, lucen magníficos, apasionados. Y es una delicia escucharles con su auténtico acento nativo.

Rodada en Liverpool, Manchester y Dublín, “House of Guinness” está basada en la auténtica familia Guinness, la cual se vio involucrada en distintos conflictos políticos y religiosos, a la vez que trataba de mezclarse en varias causas sociales. No obstante, hay ciertas licencias artísticas en el argumento en lo que se refiere a algunos romances y caracteres inventados. El fiel Rafferty, por ejemplo, es un personaje ficticio, al igual que Ellen Cochrane, si bien es probable que esta última y su hermano en la pantalla estén inspirados en los hermanos O’Leary.

En cuanto a Arthur Guinness, para diversos biógrafos todo apunta a que probablemente sí fuese gay en la vida real como retrata la serie. Más allá de sus escándalos políticos, su elegante modo de vida incluso inspiró menciones literarias en la novela “Ulises” de James Joyce.

Por lo demás, la serie es verídica en lo que concierne a la ambición desmedida de estos sucesores Guinness para mantenerse en el poder y prosperar. También es real su vehemencia hacia Inglaterra, su recelo a los movimientos independentistas irlandeses o que era una empresa que trataba bien a sus empleados, con buenos salarios y beneficios.

Como apunte final, otro aspecto interesantísimo y logrado en el guión. En un momento determinado de la trama, Edward Guinness (Louis Partridge) brinda por la honestidad, una sinceridad fraternal necesaria para proteger los intereses familiares. Porque no hay secretos entre los Guinness, los hermanos conocen los asuntos ocultos y privados de cada uno, así que lo que deciden es cómo manejar sus batallas internas sin que perjudique a la empresa. Esto hace que la mayoría de personajes, lo quieran o no, se vuelvan amorales y establezcan sus relaciones como una transacción en la que ambas partes salen “favorecidas”. Todos conocen las reglas del juego cuando atraviesan los umbrales de la casa Guinness. Y todos, hermanos, pretendientes, revolucionarios…, pretenden obtener alguna ventaja en la partida.

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