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Dr. Edgar Reynoso: Mi Posición acerca de las vacunas

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Dr Edgar Reynoso Vanderhorst, MD
Edgar Reynoso Vanderhorst, MD (Foto cortesía Dr. Vanderhorst)


Vacunas: ciencia, comunidad y esperanza

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Por Dr. Edgar Reynoso Vanderhorst, MD

Como pediatra neonatólogo, vivo cada día el privilegio y la responsabilidad de cuidar a los más pequeños y vulnerables. Hoy enfrentamos una paradoja: la información está al alcance de todos, pero discernir qué es verdadero y confiable resulta cada vez más difícil. En Estados Unidos, la confianza en la ciencia y en las instituciones médicas se ha visto desafiada.

Las vacunas que se aplican a los niños a los 2, 4 y 6 meses no son nuevas ni experimentales; muchas de ellas existen desde hace décadas, algunas desde 1945 y otras desde 1985. Gracias a estas vacunas, enfermedades que antes tenían una alta incidencia y mortalidad infantil, como la epiglotitis causada por Haemophilus influenzae, la parálisis por polio o el tétano adquirido al usar utensilios de hierro contaminados han podido ser controladas.

Otras vacunas, como las que protegen contra la rubéola, el sarampión y la varicela, no solo previenen enfermedades en los niños, sino que también resguardan a la comunidad más vulnerable. Para una madre embarazada, por ejemplo, el contacto con un niño con rubéola podría ser catastrófico para su bebé en gestación. De igual manera, compañeros de escuela que han superado un cáncer y tienen un sistema inmune debilitado corren un alto riesgo: una enfermedad aparentemente leve como la varicela puede no ser peligrosa para un niño sano, pero sí resultar letal para estos compañeros. En pocas palabras, vivimos y crecemos en comunidad; al vacunar a nuestros hijos no solo fortalecemos su sistema inmune, sino que también protegemos a quienes no pueden defenderse por sí mismos, ya sea por embarazo, cáncer u otras condiciones que debilitan sus defensas.

Muchos se preguntan: ¿y qué pasa con el autismo? Es cierto que en los últimos años hemos visto un aumento en su incidencia, lo cual ha generado diversas hipótesis sobre sus posibles causas. Sin embargo, la ciencia ha sido clara en descartar a las vacunas como responsables. Estas existen desde hace más de 40 o 50 años, mientras que el incremento de diagnósticos se observa en tiempos más recientes. Esto plantea interrogantes importantes para la comunidad científica: ¿qué factores de nuestro estilo de vida moderno pueden estar influyendo? ¿El uso excesivo de pantallas, los cambios en el aprendizaje, la tecnología, el ambiente? La confusión surgió porque la mayoría de las personas con autismo estaban vacunadas, pero lo mismo ocurre con la mayoría de la población mundial, ya que la vacunación es generalizada. En realidad, cuando el autismo no está asociado a una condición genética específica, su causa sigue siendo un enigma que la ciencia continúa investigando.

“La evidencia es clara: las vacunas han salvado y continúan salvando millones de vidas”.

Recientemente vivimos una etapa marcada por el confinamiento debido al COVID-19. Gracias a los avances científicos y a la tecnología, fue posible desarrollar en tiempo récord una vacuna para combatir el virus, que afectaba principalmente a pacientes de alto riesgo, como adultos mayores con enfermedades crónicas y niños con antecedentes médicos significativos. Vimos cómo distintas comunidades científicas en países desarrollados trabajaron de manera simultánea: Estados Unidos, China e Inglaterra, entre otros, lograron producir sus propias vacunas. Sin embargo, en la actualidad, en Estados Unidos la confianza en la ciencia se ha visto debilitada, y las vacunas desarrolladas por la comunidad científica nacional, así como las farmacéuticas que las producen, se encuentran bajo cuestionamientos y ataques que ponen en riesgo la credibilidad de un esfuerzo que salvó millones de vidas.

También surge la pregunta sobre la vacuna contra el COVID-19. En niños sanos suele causar síntomas leves, pero en niños con defensas bajas o condiciones médicas puede ser grave. Además, debemos pensar en los abuelos y familiares vulnerables con quienes conviven. La vacunación, por tanto, es un acto de solidaridad, no solo de protección personal.

En neonatología, lo veo de cerca: virus como el RSV pueden ser devastadores en bebés prematuros, cuyo sistema inmune aún es frágil. Como médico y como ser humano, les hablo con el corazón y con lógica: vacunemos a nuestros hijos, no solo por ellos, sino por todos.

Como médicos, nuestra vocación es ayudar, pero también necesitamos que la sociedad sea parte activa en construir confianza. No se sientan cohibidos en conversar con sus pediatras o en tener discusiones enriquecedoras sobre la información que leen. Tengan la seguridad de que pueden hablar abiertamente con su médico sobre sus dudas y posturas en estos temas. La comunidad científica está siempre a disposición, ofreciendo información gratuita, accesible y basada en evidencia, para ayudar a los padres a tomar las mejores decisiones para el cuidado y bienestar de sus seres más queridos.

Entiendo que puedan circular noticias que sugieren que los pediatras o los médicos obtienen algún beneficio económico por la aplicación de vacunas. Sin embargo, como pediatra dentro del sistema de salud, puedo afirmar que no existen incentivos económicos ni ventajas personales relacionadas con ellas. De hecho, los pediatras no decidimos qué marca de vacuna administrar; simplemente seguimos los lineamientos oficiales y confiamos en la evidencia científica. Nuestro compromiso es leer y actualizarnos con las investigaciones más recientes para garantizar que cada vacuna que indicamos sea segura, eficaz y en beneficio exclusivo de nuestros pacientes.

Opinión de:
Edgar Reynoso Vanderhorst, MD
Pediatra Neonatólogo del Children Hospital of University of Illinois Chicago (UIC)
Nickname: Dr. Vanderhorst

Foto Dr. Edgar Reynoso Vanderhorst, MD (Foto cortesía Dr. Vanderhorst)
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