
Por Obed Arango
La vida es también una cadena de herencias invisibles. Cada generación recibe una visión del mundo, la transforma y la entrega a quienes vienen detrás. En los últimos dieciséis meses perdí a cuatro de los seis grandes maestros que marcaron mi camino. Con su partida comprendí con más claridad que la educación, el arte y la esperanza son frutos de una siembra paciente que trasciende el tiempo.
El primero fue el doctor Juan Samuel Escobar Aguirre (4 de abril del 2025), sociólogo, teólogo y estudioso de Paulo Freire. Su pensamiento me enseñó que la educación puede ser una fuerza liberadora capaz de crear conciencia y esperanza.

Después partió mi padre, el ingeniero Jaime Arango Álvarez (30 de agosto del 2025), quien además de darme la vida puso su fe en mis sueños y me enseñó, hasta sus últimos días, a caminar con perseverancia, a no darme por vencido, a actuar con inteligencia y valentía.

Más tarde despedimos a la doctora Melody Mazuk (4 de abril del 2026), amante de los libros y del arte, una mujer que acompañó mi trayectoria como inmigrante y abrió espacios para mi trabajo fotográfico al curar varias de mis exposiciones. Finalmente, el lunes 3 de agosto de este año se fue la doctora Julieta Haidar, antropóloga y pensadora excepcional, a ella le debo ser antropólogo, pensador social y revolucionario, me enseño a llevar a la praxis los principios de Freire, así como su capacidad analítica y la sabiduría para amar la vida.

La presencia de estos cuatro maestros vive en cada paso del Centro de Cultura, Arte, Trabajo y Educación (CCATE). Su influencia está inscrita en la visión que impulsa este proyecto: la convicción de que la reflexión debe conducir a la acción y que el conocimiento tiene sentido cuando contribuye a transformar la realidad.

De Melody Mazuk aprendí que los libros y el arte no son un lujo ni una actividad secundaria. Los libros, la fotografía, el cine, los murales, la cerámica o los textiles son herramientas para descubrir nuestra humanidad y fortalecer la capacidad de imaginar un mundo distinto. Por eso el arte ocupa un lugar central en la vida cotidiana de CCATE.
Hoy, cuando la ausencia duele, encuentro consuelo en la certeza de que las enseñanzas de mis maestros y maestras continúan vivas en quienes fuimos transformados por su generosidad. Esa es la verdadera concordia entre el tiempo y el espacio: la permanencia de los maestros en la vida de sus discípulos.






