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Practica el arte de sanar la mente y liberarnos de las cadenas del pasado: emociones e historias

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Por Ismael Cala

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A menudo vivimos en automático, asumiendo que el dolor, la ira o el miedo que experimentamos son dictadores absolutos que tienen el derecho de manejar nuestra conducta. Sin embargo, la neurociencia y la psicología moderna nos revelan un principio de libertad absoluta: la emoción no es el problema, el sufrimiento comienza en el momento en que la mente empieza a escribir su guion.

Al grabar recientemente un episodio para mi canal de YouTube y pódcast The Abundance Revolution, titulado “Emotions vs. feelings: how to stop being held hostage by your stories”, quedé profundamente conmovido al reflexionar sobre la delgada línea que separa una reacción biológica de una prisión mental. La emoción dice “siento miedo”, la mente traduce “nunca seré capaz”. La emoción dice “siento tristeza” y el ego concluye “nadie me ama”. Y es así como convertimos una chispa pasajera en un incendio que dura décadas.

Esta brecha entre sentir y juzgar me recordó la sabia parábola Zen de la taza de té hirviendo. Un joven discípulo llegó ante su maestro lleno de rabia por un insulto recibido horas atrás en el mercado. El maestro sirvió una taza de té hirviendo y la sostuvo inmóvil en su mano sin beberla. Pasado un largo tiempo, el joven le preguntó por qué sostenía la taza si se estaba quemando. El sabio respondió: “El insulto fue el té, la persona que te ofendió ya siguió su camino, pero tú llevas horas cargando la taza caliente. No es el insulto lo que te agota, es tu negativa a soltar la copa”.

¿Cuántos de nosotros pasamos la vida quemándonos las manos por cargar frases, traiciones o fracasos del pasado que los demás ya olvidaron? Como nos recordaba Viktor Frankl, entre el estímulo y la respuesta hay un espacio sagrado donde habita nuestra libertad de elegir. Y es justamente ahí donde nace la auténtica madurez espiritual: no en no sentir, sino en aprender a no obedecer ciegamente todo lo que sentimos.

Incluso las grandes figuras de la historia han sentido. Jesucristo no contuvo sus lágrimas ante la tumba de Lázaro ni disimuló su indignación en el templo. La espiritualidad no busca anestesiar nuestra humanidad, sino iluminarla. El miedo viene a pedirnos confianza; la ira, a marcar un límite sano; la tristeza, a sanar un duelo. Ninguna emoción viene a destruirte si dejas de convertirla en un juez personal.

La verdadera abundancia no es un evento externo ni el resultado de un entorno perfecto; es el estado de conciencia en el que tu paz interior se vuelve más fuerte que cualquier narrativa que intente desestabilizarte. Hoy te invito a hacer una pausa, inhalar profundo y preguntarte qué taza hirviendo has estado cargando sin necesidad. Recuerda que no eres tu miedo, no eres tu ira y mucho menos eres la historia que te has contado sobre ellos. Eres la conciencia libre que puede soltar la copa y empezar de nuevo.

Dios es amor, hágase el milagro.

www.IsmaelCala.com
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