Por Obed Arango
“La defensa de Argentina significa la defensa de toda América Latina. Lo mismo ocurre con Venezuela y Colombia: si permitimos que Estados Unidos se posicione sobre esos tres países, presenciaremos un despojo aún mayor que el del siglo pasado.” O.A.
Una desgracia política ha golpeado a Argentina: el partido de la Libertad Avanza ganó las elecciones de medio término. El presidente Javier Milei ha distorsionado el sentido más profundo de la palabra “libertad”, convirtiéndola en una bandera para justificar la venta del país al mejor postor.
Bajo su discurso libertario se esconde un proyecto de endeudamiento y entrega. ¿Cuánto costó su supuesto “triunfo arrasador”? Veinte mil millones de dólares, otorgados por Donald Trump apenas una semana antes de las elecciones. Ese salvavidas financiero garantizó una victoria que el pueblo argentino pagará durante generaciones.
Pero el daño no es solo económico. Lo que Milei encabeza es una operación ideológica destinada a desmantelar el tejido social y cultural de la nación. En el sur, las comunidades mapuches enfrentan no solo el avance del extractivismo, sino también la criminalización de sus formas de vida. Lo que ocurre en Argentina es parte de una tendencia más amplia: la expansión del trumpismo como modelo de neofascismo continental, que combina autoritarismo, fundamentalismo de mercado y odio de clase.
Washington busca aliados dóciles, y Milei ha abierto la puerta. Y cuando la puerta no se abre, el imperialismo la derriba —con millones de dólares y promesas de prosperidad que nunca llegan a los pueblos.
Argentina es codiciada por sus recursos: uranio, agua, litio, gas, y biodiversidad. Las élites globales la ven como una fuente de extracción o un parque temático para el turismo de lujo. En ese escenario, los pueblos originarios son reducidos a folclore o domesticados para el consumo espiritual del visitante occidental.
Frente a esta ofensiva, la resistencia popular argentina adquiere una dimensión continental. Defender su soberanía, su cultura y su memoria es defender también a toda América Latina.
Porque hoy, como ayer, el futuro del continente no se decide en los palacios de poder, sino en las comunidades que se niegan a rendirse.
Y aunque el partido de la opresión avanza ganó, también lo hace la dignidad.
Pie de foto de portada: El Maitén, provincia de Chubut, Argentina. Donde la cordillera y la estepa se juntan es tierra sagrada del pueblo Mapuche, además de ser una tierra rica en recursos naturales. (Foto: Obed Arango, 24 de agosto del 2025)







