Por Eduardo Párraga
Las películas basadas en cómics de DC parecen sentenciadas a necesitar siempre una reinvención. Consideradas demasiado oscuras, pesimistas o carentes de humor nunca dan con la clave que conecte con crítica o público.
La fusión de Warner Media con Discovery, Inc trajo importantes modificaciones, entre ellas conseguir esa ansiada resurrección del universo DC hacia una nueva dirección. Así, en 2022, se produjo un cambio de CEO en DC Films: James Gunn y Peter Safran eran contratados como copresidentes de la productora, que se rebautizó como DC Studios. El proceso, por tanto, marcaba un reinicio que afectaría no solo a las películas para cine, sino también a series de televisión y videojuegos.
Precisamente, sin perder tiempo, a finales de 2022, el propio James Gunn anunció que estaba inmerso en la escritura de una nueva historia de Superman.
Su idea era aportar otro enfoque al superhéroe y contar con un actor más joven como protagonista. Eso significaba despedir a Henry Cavill, quien desde “Man of Steel”, en 2013, encarnaba al icónico personaje. Una decisión no exenta de cierta polémica porque todo apuntaba a que se mantenía la puerta entreabierta para una continuación con dicho actor, pero todo quedó bastante congelado en 2020.
Baile de directores para el proyecto, problemas con una renovación de contrato en el aire y los nubarrones aún sin disipar de la debacle que supuso “Justice League” (2017). Esto último requiere abrir un paréntesis explicativo. Zack Snyder tuvo que abandonar el rodaje tras el suicidio de su hija, así que Joss Whedon fue contratado para encargarse de la recta final de filmación y de la posproducción, sin embargo, decidió rehacer la película a su antojo, de arriba abajo. El resultado fue un desastre. Tanto el propio realizador como los fans presionaron a Warner Bros. hasta el límite para que el montaje del director saliera a la luz y, por suerte, la espectacular “Zack Snyder’s Justice League”, de cuatro horas de duración, se estrenó en 2021, en HBO Max.
Muchos quebraderos de cabeza que la nueva etapa de DC Studios pretende dejar atrás. Así que la opción escogida ha sido empezar de cero con un Superman que no es continuación de ninguna de las anteriores películas creadas sobre el personaje.
James Gunn, quien anteriormente dirigió la trilogía de “Guardians of the Galaxy” para la competencia, es decir, Marvel Studios, toma el control como director y guionista de esta enésima versión del superhéroe, sin contar series de televisión. Por cierto, conviene apuntar también que, en 2005, Bryan Singer estrenó “Superman Returns”; el asunto de reinventar a nuestro querido kryptoniano viene de lejos.
Ubicados ya en la actual resurreción de Kal-El que nos corresponde (ya vendrán las sucesivas), en 2025 se estrena “Superman”. ¿Estamos, pues, ante la anunciadísima renovación de DC? El tiempo lo dirá porque el resultado es un film con aciertos y tropiezos.

Comencemos con estos últimos, los cuales se centran en una trama floja y en un equivocado tono paródico. El argumento se aleja de lo establecido y comienza in medias res. Desde el primer minuto se introduce al espectador en una historia ya iniciada, con una explicación, digamos, regular de los sucesos activos. Todo comienza tan al grano, que la película termina por estar muy mal contada, se queda pobre y flaquea en muchos momentos.
Un ejemplo de la falta de contexto de la estructura es que ambos antagonistas (Superman y Luthor) cuentan con sus respectivos aliados, los cuales no se sabe de dónde ni cómo han venido o por qué ayudan a sus pertinentes cabecillas, pero ahí están presentes.
Por otro lado, el importante conflicto geopolítico que se menciona apenas se ve y la necesidad de volver a retratar metaversos, multiversos, universos de bolsillo… con su correspondiente revoltijo digital es ya agotador y repetitivo en las películas de superhéroes.
Además, el film carece de épica. No hay secuencias realmente espectaculares, intensas o que transmitan una emoción especial. Ni rastro de esa grandiosidad casi divina que envuelve al Hombre de Acero y la forma de Lex Luthor de anticiparse a los movimientos de Superman dando órdenes de derribo como si estuviera jugando al “Battleship/Hundir la Flota” no termina de convencer.
Este reboot trata de humanizar al héroe, no se puede negar, pero sorprende que Clark Kent aparezca en contadas escenas. Así pues, se pierden momentos en los que se pueda ver al kryptoniano tratando torpemente de aparentar ser humano (aspecto que nunca explotan lo suficiente los últimos films sobre Superman, todo sea dicho).
La película prefiere centrar su mensaje en las consecuencias de la (des)información y en la volátil actitud de los ciudadanos a la hora de conocer cualquier noticia. Tanto es así que la gente pasa de amar a odiar a Superman o a Lex Luthor en cuestión de segundos (literalmente), lo que produce reacciones muy repentinas que no quedan bien del todo.
Lois Lane (Rachel Brosnahan), tristemente, está de adorno y no hace nada relevante, mientras que los secundarios son meras comparsas o parecen hechos caricaturas a propósito, lo que nos lleva al punto más candente y erróneo de esta nueva versión: todo está impregnado de un humor y unas bromas que no siempre funcionan y ese desacertado tono cómico que envuelve el conjunto convierte al film, consciente o inconscientemente, en una parodia.
En cuanto a los aspectos positivos del film, los mayores aciertos de “Superman”, sin duda, son sus dos intérpretes principales. Por un lado, David Corenswet, nuestro nuevo y flamante Hombre del Mañana, quien compone un gran Kal-El, con carisma, atractivo y energía. Aunque la imponente presencia de Henry Cavill es imborrable, Corenswet luce muy bien en pantalla, sabe desenvolverse en la acción y en la comedia, se muestra tierno o solemne según las circunstancias y ofrece una buena e intensa interpretación, en la que sabe diferenciar su faceta heroica de la humana. Por otro, Nicholas Hoult como Lex Luthor, villano de la función, apasionado, malvado, astuto, que dota de un carácter temible al archienemigo de Superman, sin caer en la sobreactuación.
Otra idea de guión muy destacable tiene que ver con el conflicto bélico que se plantea entre los países ficticios de Boravia y Jarhanpur y que Superman trata de impedir. El sentido de justicia, humildad y protección del kryptoniano no entiende de movimientos políticos; sin embargo, el film describe que su presencia implicaría ciertas transgresiones, como invadir el espacio aéreo de un país sin autorización, involucrarse sin considerar las alianzas o enemistades de esos territorios con otras potencias mundiales o dudar si Superman actúa en solitario o como representante diplomático. Kal-El es neutral y solo se rige por su sentido moral de ayuda y defensa a cualquier necesitado. Una característica que, por un lado, le hace revelar una faceta momentánea de exceso de ego cercano a la deidad y, por otro, desencadena acontecimientos políticos con los que no quiere tener relación. Lástima que estas repercusiones solo queden en un diálogo entre Clark y Lois (puede que uno de los mejores del film), porque habría generado un buen debate indagar en este aspecto realista. Pero ahí queda y es importante.
Notables también el distanciamiento en la trama de los orígenes del héroe, el críptico mensaje de los padres biológicos de Kal-El, un estilo visual colorista y luminoso al que no estábamos habituados y la exposición de un Superman más vulnerable, divertido y humano.
Como era de esperar, este cambio de guardia ha generado división de opiniones que se reflejan en taquilla. “Superman” debutó con la excelente cifra de 217 millones a nivel mundial en su primer fin de semana. La mayoría de esta recaudación proviene del mercado doméstico estadounidense, mientras que a nivel internacional el film no parece estar volando tan rápido: en China su estreno ha sido un auténtico fracaso, en España, las cifras son tibias, y en países como Italia, Francia, Alemania o Japón ni siquiera ha alcanzado el número 1. Un recorrido fluctuante que aún así marcha bastante bien, pues en su segunda semana de exhibición ya supera los 400 millones.
En definitiva, puede que “Superman” no alcance la velocidad de la luz en su reboot, pero presenta aptitudes y potencial para seguir mirando al cielo y confiar en futuros proyectos.








