Un misionero palentino en la R. Dominicana ante la tragedia de Haití

R. DOMINICANA (12-02-10) Cuando se cumple un mes del devastador terremoto de Haití, la población sigue sufriendo las consecuencias de esta gran tragedia. Se habla ya de 250.000 personas fallecidas, más de 10.000 mutilados y millares de haitianos que se han quedado sin casa. A pesar del esfuerzo de los que trabajan junto a ellos y de todos los programas de emergencia puestos en marcha, el dolor y la tragedia siguen estando presentes.

Reproducimos a continuación una carta de Julián Ángel Sainz de la Cruz, sacerdote misionero diocesano palentino, que trabaja en la diócesis de Barahona, en la República Dominicana, desde el año 2005.

“Gracias por todas vuestras oraciones y recuerdos. Este es mi segundo viaje a Puerto Príncipe más detenido; llevábamos dos personas haitianas para quedarse y visitábamos a las Hijas de la Caridad, que no tienen casa y viven en tienda de campaña.

De nuevo me encontraba en Puerto Príncipe. ¿Qué decir? Sentimiento de dolor, tristeza e impotencia. Puerto Príncipe es una ciudad pobre, sucia, llena de polvo y caótica; la gente va y viene, campos de refugiados por todos los sitios, golpeados por el miedo de otro terremoto y por la destrucción que hay. La gente pone cuatro palos, unas colchas o telas y en diez metros cuadrados viven.

Prácticamente se han ido abajo todos los edificios altos, todos los edificios del Gobierno y de la Iglesia, empezando por la catedral. Todavía hemos podido comprobar cómo un centro comercial de siete plantas estaba desplomado y con multitud de gente muerta, pues el olor era insoportable y estaba lleno de moscas. No me imaginaba que hubiera hasta calles cortadas por los escombros de los edificios y en la parte colonial así es. En fin, el casco histórico está totalmente destruido, no queda un monumento histórico de la ciudad.

Sentimiento de dolor e impotencia. Las calles pretenden ponerse en marcha; es un pueblo que vive del comercio y todo el mundo vende algo para poder subsistir ocupando aceras y descampados.

Estuvimos con una familia que está refugiada en una villa, es decir, una extensión tapiada, con casa y unas matas grandísimas de mango, de un señor que vive en Norteamérica; esta familia está guardándosela para que no le roben. Allí estaban refugiadas cinco familias, en gran parte familiares de los que están en Vicente Noble. Vimos una niña de unos once años a la que solo le quedaba una hermana, porque sus padres habían muerto en el centro cuando estaban en la acera vendiendo cuatro chinas. Esta familia, cuando ya nos íbamos, supo compartir con nosotros la comida que nos había hecho, un arroz con tres trozos de carne, como gesto de hospitalidad y de dar todo lo que uno tiene.

La ONU lo que hace es patrullar por toda la ciudad con vehículos y tanquetas y no se mete en más. Así estuvimos nosotros, recorriendo las calles en vehículo y asombrados por tanta destrucción y dolor. Pedimos a Dios que no aparezcan las epidemias por la situación en la que se encuentra tanta gente, sin ninguna medida de higiene. Aquí en República Dominicana ya se ha comprobado la muerte de alguno, contagiado de Haití.

Es hora de compartir, de solidaridad y de poner soluciones a niveles internacionales para un pueblo pobre y golpeado que tiene que seguir adelante. Se veía la tristeza de la gente, el silencio, ni una sola música, la muchísima contaminación y los pocos medios con que cuentan para levantar esta ciudad, pues sólo vimos tres máquinas pesadas que estaban trabajando; así pasarán unos años, y los edificios seguirán igual, con gente todavía dentro.

Como gesto doloroso y de impotencia, que demuestra que no hay control, en el centro de la ciudad, en una calle llena de mercado y de gente, había una persona muerta de varios días y llena de moscas, y nadie hacía caso. ¿Qué hace tanto ejército que patrulla las calles, que no responden a lo que ven?

Pedimos a Dios por este pueblo para que se pueda levantar y que nosotros demos respuesta de solidaridad, teniendo en cuenta que somos privilegiados si nos comparamos con tanta gente que no tiene ni lo necesario. Con esta desgracia se ha puesto a la vista de todos la situación de este pueblo olvidado, que no tiene nada y vive como puede.”



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